Batalla de Andoain – 14/09/1837

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Leopoldo O’Donell comandaba Cuerpo de Ejército de la Costa de Cantabria, que ocupaba las principales plazas de la costa vasca. Bajo su mando 7000 hombres, entre ellos la recién formada “Brigada inglesa”, que contaba con 1300 hombres, de las tres armas, siendo la infantería, mayoritariamente escocesa e irlandesa y contando los artilleros con una batería de cohetes “Congrave”.

El 8 de septiembre de 1837 O’Donell avanzo hacia la línea fortificada de Urnieta-Andoain para romper la línea carlista y avanzar hacia el interior de Guipúzcoa, confiando en su superioridad numérica. Así fue durante el primer día de combate, pues los carlistas sorprendidos por el avance de los constitucionalistas abandonan la línea Hernán-Urnieta y se repliegan a la línea de defensa natural, que representaban los ríos Oria y Leizaran.

Las fuerzas liberales convergieron en el puente de Andoain tratando de tomarlo, pero se encontraron con una fuerte resistencia en la linea de los ríos, formada por 5 batallones guipuzcoanos y grupos de paisanos armados que viendo como los británicos incendiaban los caseríos (quemaron más de 126) presentaron una férrea resistencia. A lo largo de la tarde y noche centenares de refugiados se dirigieron a la zona bajo control carlista, que viendo como ardían sus caseríos y sus bienes, clamaban venganza.

El general responsable de la línea,Jose Ignacio de Uranga, se dirigió rapidamente desde Navarra, llevando consigo a una compañía de guías y al Batallón de Navarra como refuerzos, con los que consiguió reunir unos 3000 hombres.

Viendo Urania que los liberales se estaban fortificando, decidió atacar por tres puntos, por un vado del Oria por la izquierda, por un improvisado puente por la derecha y por el centro, por el mismísimo puente de Andoain.

” La estrategia de Uranga, a menor escala, fue similar a la utilizada por el Gran Capitán en el rió Garellano en 1503″.

Las lineas liberales resistieron pero el ataque por el flanco izquierdo tuvo éxito y los liberales que lo defendían entraron en confusión, contagiando el pánico a todos sus compañeros y la batalla se convirtió en una persecución en la que los liberales fueron literalmente cazados por los voluntarios carlistas.

Los liberales perdieron más de 700 hombres, entre muertos, heridos y prisioneros. Los carlistas tuvieron 100 bajas.

La suerte de los prisioneros británicos (unos 60) fue terrible pues todos fueron fusilados y 20 de ellos linchados por la población, “No hay cuartel para los incendiarios”.

“Jose Maria Tuduri”

jmtuduri@gmail.com

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